lunes, 2 de abril de 2012

EL ADULTO MAYOR DISCAPACITADO

Según denunció la Federación Internacional de la Cruz Roja, los ancianos, la gente con discapacidades, algunas minorías y las mujeres son discriminados cuando ocurre un desastre.

“El número, la gravedad y el impacto de los desastres van en aumento debido a factores tales como el cambio climático, la urbanización masiva sin planificar, el rápido crecimiento de la población y la degradación ambiental”. Esta fue una de las principales conclusiones que arrojó el último informe mundial sobre Desastres elaborado por la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR).
Pero el informe también abordó otra arista en lo concerniente a las catástrofes naturales: la discriminación a la hora de prestar ayuda. Y los resultados fueron perturbadores. De acuerdo con el análisis, los ancianos, la gente con discapacidades, algunas minorías y las mujeres son discriminados cuando ocurre un desastre.

Según la organización, esta discriminación ocurre “invariablemente” en cualquier situación donde haya gente afectada por un trauma súbito. “El informe aborda la discriminación vista desde varios sectores” explicó Javier Castellanos, Jefe Adjunto para las Américas de la FICR.
“De las personas con discapacidad, la población adulta mayor y las mujeres que se ven seriamente afectados por el prejuicio, ignorancia y temor que pueden surgir tras un desastre”, afirma el funcionario internacional.

La naturaleza humana -dicen los expertos- nos impulsa a sobrevivir cuando nos vemos amenazados. Y obviamente, entre los vulnerables, los más fuertes se salvarán primero, empujando a los demás para poner sus necesidades primero.
Esta tendencia a la discriminación, dice la Cruz Roja, es universal y ocurre en todos los países, ricos y pobres.
El informe cita ejemplos en los que gente invidente, sorda o paralizada no pudo huir del peligro debido a sus discapacidades.
Muchas veces los planes de evacuación no toman en cuenta a grupos que no pueden leer porque nunca asistieron a la escuela. Y las necesidades nutricionales de los ancianos y las embarazadas no son incluidas en los planes de asistencia.
“Una de las principales limitaciones es la forma como se da la planificación para los desastres en el momento en que éstos ocurren” afirma Javier Castellanos.
“En ocasiones se cree erróneamente que las personas mayores serán atendidas por sus propias familias, o no se toma en cuenta las dificultades de movilidad de las personas discapacitadas”, agrega.
“El informe aborda varias de estas deficiencias de los sistemas de planeación y la forma como los planificadores pueden pasar por alto las necesidades de estos grupos”, señala el funcionario.
Además de recibir ayuda oportuna y adecuada durante emergencias, estos grupos deben ser incluidos en las actividades de recuperación después de la emergencia, agrega.
El documento pide a las organizaciones de ayuda y gobiernos asegurarse de identificar a las mujeres vulnerables y protegerlas de la violencia sexual u otras formas de violencia en situaciones de crisis.

El informe también incluye un capítulo sobre estadísticas de los desastres. El número de catástrofes naturales en el mundo aumentó en un 20% en un año y alcanzó en 2007 la cifra récord de más de medio millar.
Asimismo, la tendencia de los pasados diez años muestra un dramático aumento en el número total de desastres y muertes que en la década previa.
El número de personas heridas y afectadas por este tipo de desastres fue de 100.000 en 2005,172.000 en 2006 y 190.000 en 2007.

¿Y América Latina? Los equipos de emergencia de Naciones Unidas llevaron a cabo en 2007 un número récord de nueve misiones en Latinoamérica, según informó la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de esa organización internacional (OCHA, por sus siglas en inglés).
Las misiones fueron enviadas a México debido a las inundaciones en el estado de Tabasco, a República Dominicana por la tormenta tropical Noel, a Honduras a causa del azote del huracán Félix, y a Belice y Jamaica, que se vieron afectadas por el huracán Dean.
Las otras operaciones de emergencia tuvieron lugar en Perú, sacudido por un fuerte terremoto en agosto, en Uruguay y en Bolivia, a donde se enviaron dos misiones debido a las inundaciones que afectaron este país en 2007.
El récord anterior de misiones en América Latina se registró en 1998, año en que la región se vio afectada por los huracanes Mitch y George.
A juicio del Jefe Adjunto para las Américas de la FICR, en la región “se ha hecho un esfuerzo enorme a nivel de las instituciones gubernamentales y de organismos no gubernamentales en la preparación y prevención de desastres”.
“Sin embargo sigue siendo más llamativo el invertir en la respuesta de desastres cuando ocurre algo que afecta a muchos, que invertir en la reducción del riesgo”, señala.
“Si logramos generar políticas que se implementen para reducir los riesgos, lograríamos también una reducción en los gastos que cada país enfrenta cada vez que un fenómeno natural se convierte en un gran desastre”

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